¿Por qué el Wako no sonríe?

"Haz que sonría; está tan triste" me dijo una amiga.

"Nunca sonrierá" respondí "¡O sonreirá si Perú llega al Mundial!". 

Pero tampoco está triste, sino pensativo, analítico, repito siempre. La idea de poner una mueca que contraste con ese exterior brillante, liso y juguetón es justamente para crear una diferencia con el interior. Quiero que quien se fija en la pieza imagine cómo es el Wako por dentro. Que se imagine al personaje dentro del overol. ¿Es un niño? ¿Un robot? ¿El piloto de un robot? ¿Qué lleva? ¿De qué está hecho? Una vez me dijeron, "Si quieres que esto represente al Perú, llénalo de waipe". No me pareció para nada una mala idea.

 Proyecto de grabado de nueva serie INSIDE THEORY, que explora la vida dentro del Wako.

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Cuando comencé con esta pieza, lo hice jugando en un taller de cerámica con Haroldo Higa. Todo el concepto empezó como algo inocente, lúdico. El ponerle una mueca en una "U" invertida era una imitación de una mueca que suelo hacer cuando estoy serio. Me gustó la idea de darle un toque humano, hacerlo más personal, que transmita  sentido del humor, porque es brillante, rechoncho, liso de colores encendidos como un caramelo Skittle o una de esas pelotas de chicle ancladas en el estacionamiento de Larcomar, pero también buscaba que hiciera una conexión con la gente. La boca transmite mucho, y el no tener ojos agrega un elemento de ambigüedad sobre la figura que nos permite agregar nuestro propio contenido. Algunos lo ven triste, otros lo ven asado, y otros como yo, le ven cuestionador, disconforme, fuera de sitio, como cuando estaba en el colegio o estudiaba derecho en la Universidad. Algo sarcástico quizá, imitando a un par de héroes personales como Woody Allen o Quino, una contradicción permanente entre el afuera y el adentro, la apariencia y el espíritu. Y luego, con el tiempo, la pieza sola empieza como un terapeuta a sacarte varias lecturas. Así, buscaba hacer algo más contemporáneo que también fuera una versión propia de la mirada que tengo hoy de mi país. "Una relectura de la cerámica precolombina" me dijo Mariana Magtaz, una conocida gemólga brazilera y entusiasta del diseño peruano. Algo que pudiera hablar del Perú como un país que por fuera hace una justificada publicidad de sus actuales logros, de su inicial  transformación hacia una sociedad de consumo y prosperidad, pero que por dentro sigue siendo inmadura e irresuelta, algo distante y escéptica, dividida y contradictoria. Mi pieza acepta y celebra el discurso del progreso, pero al mismo tiempo se preocupe por la forma y dirección del mismo. Por la falta de claridad. Se preocupa por su sotenibilidad y futuro. ¿Cómo será el Perú en 25 años? ¿Rico y pobre a la vez? ¿Próspero para todos? 

"Yo he vivido en crisis la gran parte de mi vida" me dijo un querido tío en sus cincuentas, para explicarme porqué somos tan sensibles a cualquier bache en la economía. Muchos de nosotros vivimos preocupados de que todo sea un dulce sueño pero que despertemos y regresemos a lo que fueron los terribles 70s, 80s y comienzo de los 90s. El Perú es por muchos momentos un gran signo de interrogación. Por eso el Wako no puede sonreir aún, por lo menos para el mundo. Por dentro sí se ríe de muchas cosas, pero tiene problemas en demostrar sus emociones. Aún le falta madurar.  (Rafael Lanfranco)